¿Cómo medir certeramente el logro de los Objetivos Empresariales?

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La definición de objetivos empresariales claros y concretos, que puedan cuantificarse, clasificarse y analizarse en forma certera, es esencial para el éxito y competitividad de las empresas, tanto en el corto como mediano y largo plazo.

Una de las premisas básicas para el éxito de toda empresa, sea un pequeño emprendimiento familiar o una gran industria, es contar con un objetivo de negocio medible. Es decir, con un indicador de metas estratégicas que se pueda describir en forma cuantitativa.

Los objetivos empresariales pueden tabularse y analizarse, comparándolos con los logros efectivamente alcanzados, lo cual ayuda a determinar la eficacia de sus enfoques, productos o servicios, según corresponda. 

Esto brinda, a su vez, la posibilidad de abordar distintos puntos de vista como calidad, precisión, alcance, llegada al público objetivo, competitividad y satisfacción de clientes, entre otras múltiples variables.

¿Por qué es tan importante trazar objetivos empresariales concretos?

Definir los objetivos empresariales es esencial para trazar el plan de acción más apropiado y orientarse a su logro. Esto es igualmente válido tanto para una tarea escolar, como para jugar un partido de fútbol o dirigir una empresa. Sólo una correcta definición y priorización de tareas permite diseñar la estrategia más coherente y acertada para alcanzar las metas comunes de corto, mediano y largo plazo.

Esta premisa resulta aún más esencial si se considera que una de las principales causas de los colapsos organizacionales antes de los tres años de existencia es, precisamente, la falta de una definición clara de objetivos. Claridad que se basa, a su vez, en criterios de realidad y medición. 

Los objetivos pueden ser de dos tipos: 

Los estratégicos, que se fijan a nivel general y a largo plazo. 

Los particulares (o de equipos/áreas) que se desprenden de los primeros, y además deben estar siempre alineados con la misión y visión del negocio.

Esta división de metas entrega los siguientes beneficios:

  • Permite que cada área o departamento de la empresa conozca exactamente sus funciones, de modo que sus gerentes, encargados o jefes puedan determinar las estrategias exactas para orientarse al logro de los objetivos. 
  • Facilita el diseño, planificación y aplicación de tareas. 
  • Permite evaluar y comprobar la efectividad de las tareas o acciones puestas en práctica.
  • Ayuda a detectar errores de gestión y a determinar las correcciones necesarias.
  • Optimiza el establecimiento de prioridades, lo cual permite concentrar el foco de los esfuerzos y recursos hacia las tareas verdaderamente necesarias, incrementando consecuentemente la eficiencia y productividad de la organización. 
  • Refuerza la motivación del equipo, en la medida que se van alcanzando los objetivos previamente establecidos.

¿Cuál es la mejor forma de medir objetivos empresariales?

La mejor manera de medir los objetivos de una empresa es mediante la creación de indicadores o datos que permiten cuantificar el resultado, sea este un proceso, servicio o producto. A su vez, contar con objetivos claros permite crear con más facilidad indicadores de ejecución y performance.

Los Indicadores pueden ser cuantitativos o cualitativos, o bien, una combinación de ambos.

El indicador cuantitativo utiliza parámetros o porcentajes.

El indicador cualitativo es, por lo general, una forma rigurosa de evaluación.

El indicador híbrido cuantifica los datos cualitativos, tal como se hace en un índice.

Si bien los tres tipos suelen ser complementarios, los datos cualitativos serán más útiles en aquellos casos donde la medición de resultados es difícil de capturar cuantitativamente.

Las metodologías de medición más exitosas 

Durante los últimos años se han popularizado dos grandes estrategias para medir con éxito los objetivos empresariales:

1. El método de trabajo SMART

Es uno de los sistemas más populares para medir objetivos en el mundo empresarial y su nombre es un acrónimo de las expresiones en inglés Specific, Measurable, Attainable, Realistic and Time Bound. 

Este acrónimo fue inventado en 1981 por el investigador George T. Doran en 1981, y hace referencia a las siguientes características:

S (Specific): El objetivo debe ser específico y estar definido de forma clara. Una vez planteado, debe dar respuesta al qué, dónde, cuándo, cómo y por qué.

M (Measurable): Los objetivos se deben poder medir, pues es la única forma de saber si se están alcanzando o no.

A (Attainable): Las metas deben ser alcanzables y acordes con los recursos, medios y capacidades de la empresa. Se deben evitar objetivos demasiado complejos y apostar por pequeños desafíos razonables, los cuales, unidos, representarán un gran avance.

R (Realistic): Hay que trazar objetivos lo suficientemente importantes como para dedicarle recursos.

T (Time Bound): Se debe delimitar el plazo de consecución de los objetivos, orientándolos temporalmente y estableciendo una fecha de caducidad para así evitar postergaciones y demoras.

Esta fijación y determinación permite plasmar objetivos con máximo nivel de concreción, lo cual no sólo permite orientarse al logro, sino también, medir objetivamente el grado de éxito alcanzado.

Por ejemplo, un “Objetivo SMART” sería “incrementar en 20% las ventas de un producto o servicio X durante los próximos 6 meses”. Ese nivel de detalle en la información brindará una cuantificación precisa para determinar el éxito o no, en términos cuantitativos y temporales.

2. Metodología OKR

Fue inventada por el ex CEO de INTEL, Andrew Grove, y su nombre deriva de las expresiones Objectives and Key Results (Objetivos y Resultados Clave). En los últimos años ha alcanzado gran popularidad entre diversas compañías multinacionales, gracias a su capacidad para definir y gestionar metas a partir del establecimiento de objetivos simples, y de la medición del desempeño a partir de resultados.

Para implementar este método primero se debe determinar un objetivo cualitativo, y luego un conjunto de resultados clave cuantitativos. 

De este modo, se mantiene siempre el foco en el objetivo y se analiza con más claridad los resultados, ya que es posible medirlos, evaluarlos y redefinirlos, en caso de ser necesario.

Esta forma de trabajo le permite a la empresa crear:

OKR de largo plazo: Generalmente utilizados como un todo y trabajados anualmente.

OKR de corto plazo: Utilizados más en equipos específicos y con medición trimestral.

Del mismo modo, también pueden establecerse tareas y resultados con medición aún más acotada (en períodos semanales o quincenales, por ejemplo, tal como se hace en las metodologías ágiles tipo SCRUM y KANBAN). Esto ayuda a entender en forma más práctica el nivel de desempeño del equipo y el grado de cumplimiento de los objetivos.

Como resultado, se obtienen los siguientes beneficios:

Metas ágiles y ambiciosas

Estas permiten adaptarse a ciclos más cortos, lo cual ayuda a adecuarse a los eventuales cambios de entorno. También contribuye a plantear y alcanzar objetivos más ambiciosos, lo cual incentiva a los colaboradores y asegura el máximo desempeño de los equipos. 

Enfoque y priorización

Los OKR facilitan la priorización de los resultados del negocio, lo cual ayuda a que los colaboradores prioricen tareas clave y se enfoquen con más facilidad en el objetivo.

Cultura de resultados

La metodología OKR fomenta el trabajo enfocado en los resultados, promoviendo el crecimiento de la empresa.

Simplicidad

Este método permite definir las metas que el negocio necesita través de un proceso práctico. De este modo, las empresas que lo adoptan ahorran tiempo y recursos valiosos para lograr los resultados esperados.

Transparencia

Si los OKR están bien alineados y son claramente visibles para todo el equipo, ayudan a identificar cualquier contradicción o inconsistencia, favoreciendo su resolución con agilidad y optimizando el nivel de participación de todos los colaboradores.

¿Cómo ayuda la tecnología a medir mejor los objetivos?

Una vez que la empresa y sus equipos directivos han seleccionado la mejor forma de establecer y medir objetivos, tanto de corto como de largo plazo, resulta esencial tener a mano las mejores herramientas tecnológicas disponibles para asegurar una adecuada cuantificación de las tareas.

Esto permite lograr mayores índices de eficiencia que, a su vez, se reflejan en mejores resultados y beneficios directos tanto para la empresa como para sus colaboradores.

Para lograr estas mejoras se puede recurrir a diversas apps como, por ejemplo, las listas de verificación aplicadas por jefes y supervisores mediante dispositivos inteligentes personales, que pueden operar tanto en terreno como a distancia.

De este modo, los supervisores de área estarían en condiciones de cuantificar específicamente el nivel de cumplimiento de las tareas, sin necesidad de emplear papeles u hojas de cálculo que demandan más trabajo, consumen más tiempo valioso y conllevan altas posibilidades de cometer errores.

Un ejemplo concreto de cómo la moderna tecnología digital hoy nos ayuda a acotar y medir certeramente el cumplimiento de los objetivos de toda empresa. En DataScope contamos con la experticia y las herramientas necesarias para que puedas dar ese trascendental paso, y avanzar hacia la consolidación exitosa de tu empresa.

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Francisco Gonzalez
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