Cascos: vitales para la seguridad del trabajador

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Estos elementos de protección personal deben cumplir exigencias muy altas, tanto de diseño como de calidad de materiales, pues cualquier lesión en la cabeza puede tener consecuencias muy graves, e incluso fatales, para la fuerza laboral. Todo esto puede ser tranquilamente evitado con el uso de cascos.

La seguridad de los trabajadores es primordial dentro de toda actividad laboral. De hecho, es uno de los principales factores para el éxito estratégico de una empresa u organización, pues ninguna actividad comercial puede prosperar ni ser exitosa, si no asegura la vida y salud de sus colaboradores.

Esto implica dotar a los trabajadores de equipos que prevengan la ocurrencia de accidentes y lesiones de carácter grave. Especialmente en los sectores industriales, extractivos y fabriles, que por su propia naturaleza presentan las mayores tasas de accidentabilidad severa.

Uno de los elementos más esenciales es el casco de seguridad, pues las lesiones en la cabeza son extremadamente peligrosas y potencialmente mortales. Según estadísticas de la organización internacional del trabajo, OIT, estas heridas representan entre 3% y 6% de todas las lesiones laborales. Una cifra que puede resultar engañosa, pues en promedio causan hasta tres semanas de convalecencia e, incluso, pueden provocar la muerte del trabajador. 

Realidad que se replica en Chile, pues según la Asociación Chilena de Seguridad, ACHS, y el Instituto de Seguridad Laboral, ISL, las lesiones en la cabeza equivalen al 8,2% del total.

¿Qué función cumplen los cascos de seguridad?

Técnicamente hablando, el casco de seguridad es un elemento de protección personal destinado a cubrir la parte superior de la cabeza del usuario, para que actúe como barrera protectora y/o de absorción de energía.

Su uso permite proteger al trabajador de los siguientes riesgos específicos:

  • Golpes y perforaciones provocados por caída o proyección de objetos contundentes. 
  • Choques contra objetos fijos filosos y/o lacerantes. 
  • Golpes provocados por caídas que pueda sufrir el trabajador. 
  • Contacto con fuentes de energía eléctrica. 
  • Contacto con metales fundidos, líquidos calientes o sustancias corrosivas.

Si no se utiliza en forma debida, el trabajador está expuesto a un sinnúmero de accidentes que pueden tener consecuencias gravísimas, incluso fatales, para su salud.

¿Qué características debe tener los cascos de seguridad?

Para brindar adecuada protección y reducir las consecuencias derivadas de los factores de riesgo antes expuestos, el casco debe estar dotado de una serie de elementos cuyo funcionamiento conjunto cumpla las siguientes condiciones:

  • Limitar la presión aplicada al cráneo, distribuyendo la fuerza de impacto sobre la mayor superficie posible.
  • Desviar los objetos que caigan, por medio de una forma adecuadamente lisa y redondeada.
  • Disipar y dispersar la energía del impacto, de modo que no se transmita en su totalidad a la cabeza y el cuello.
  • Actuar como zona aislante tanto de descargas eléctricas, como de materiales corrosivos, líquidos u objetos calientes. 

Tipos de cascos de seguridad

Según explican los expertos de la ACHS, existen cuatro tipos principales de cascos de seguridad, los cuales se clasifican de acuerdo con sus funcionalidades y capacidad de protección contra descargas eléctricas.

Clase A

Protegen de posibles impactos por caída de objetos y brindan una capacidad aislante eléctrica de hasta 2.200 voltios.

Clase B

Protegen de impactos y descargas eléctricas de hasta 12.300 voltios.

Clase C

Proveen protección ante impactos, pero no ofrecen protección ante la exposición a corriente eléctrica o a sustancias corrosivas, por lo que están diseñados para trabajos con menor riesgo.

Clase E

Son resistentes al fuego pues están hechos de fibra ABS. Cuentan con cuatro puntos de anclaje y tres niveles de posición en altura.

El diseño más común y generalizado es el tipo “gorra”, con visera y ala perimetral, diseñado para brindar protección en la mayoría de los sectores industriales típicos, como talleres, factorías o líneas de producción. 

En canteras, yacimientos mineros, obras de demolición y faenas forestales se utiliza, a su vez, el modelo tipo “sombrero”, que brinda más protección para la cara por su diseño de ala más ancha.

Para las tareas en altura o de edificación, se prefiere el casco tipo “casquete”, sin visera ni ala, ya que estos elementos pueden entrar en contacto con vigas o pilares, lo cual genera riesgo de pérdida de equilibrio y caídas.

¿Cuáles son los cascos más adecuados?

Primero hay que tener amplio conocimiento de las características del trabajo y su entorno inmediato. Por ello, la elección debe estar a cargo de personal capacitado y que, además, tenga feedback permanente con la fuerza laboral. De este modo, podrán conocer en detalle los riesgos cotidianos de la actividad realizada.

A partir de dichas variables debe elaborarse un checklist que permita estudiar y comparar las ofertas disponibles en el mercado.

También es importante analizar la información proporcionada por el fabricante del casco, en cuanto a aspectos tales como materiales utilizados, estructura, componentes, recomendaciones de uso y almacenamiento, limpieza, mantenimiento, desinfección, disponibilidad de accesorios y piezas de repuesto, clases de protección y fechas o plazos de caducidad del equipo, entre otros aspectos importantes.

Del mismo modo, antes de comprar un casco de seguridad, es imprescindible probar su funcionalidad en el mismo lugar de trabajo.

En ese sentido, los cascos que brindan mejor protección son los elaborados con materiales termoplásticos como policarbonatos, ABS, polietileno y policarbonato con fibra de vidrio. Además, siempre deben estar equipados con un buen arnés. 

A su vez, los fabricados con aleaciones metálicas ligeras no son completamente resistentes a las perforaciones provocadas por objetos agudos o de bordes afilados.

Tampoco deben utilizarse cascos con salientes interiores, ya que pueden provocar lesiones graves en caso de golpes laterales. Es mejor que cuenten con un relleno protector lateral no inflamable y que no se deforme con el calor.

Si existe alto riesgo de roce con conductores eléctricos desnudos, sólo deben usarse cascos de materiales termoplásticos, sin orificios de ventilación, remaches ni piezas metálicas exteriores.

En tanto, quienes laboran en lugares altos, como andamios o edificios en construcción, deben usar cascos con barbiquejo.

Otros cuidados importantes

Para que el casco mantenga toda su capacidad protectora a lo largo de su vida útil, es necesario adoptar diversas medidas de cuidado y precaución.

Por ejemplo, la mayoría de los casquetes de los cascos de seguridad están hechos con materiales plásticos, que en condiciones normales se alteran muy lentamente. Sin embargo, esa degradación puede acelerarse por diversas causas como la exposición a condiciones extremas de calor y frío, contacto permanente con sustancias químicas, corrosivas y objetos contundentes, efectos acumulativos de golpes o caídas y mal mantenimiento.

En tal sentido, los expertos plantean las siguientes recomendaciones generales:

  • Los cascos fabricados con polietileno, polipropileno o ABS pueden perder resistencia mecánica por efecto del calor, frío y exposición al sol o a fuentes intensas de radiación ultravioleta (UV). Si se producen estas condiciones por el uso constante al aire libre o cerca de estaciones de soldadura, por ejemplo, deben sustituirse al menos una vez cada tres años.
  • Si el casco se decolora, agrieta, desprende fibras o cruje al manipularlo, debe ser reemplazado lo antes posible. También debe desecharse de inmediato si ha sufrido un golpe violento, aunque no presente señales visibles de daño.
  • Si el usuario suda mucho o el casco se comparte entre varios trabajadores, debe desinfectarse en forma periódica. Para ello hay que sumergirlo en una solución apropiada, como formol al 5% o hipoclorito sódico.
  • Los materiales adheridos como yeso, cemento, cola o resinas, se pueden eliminar por medios mecánicos o mediante un disolvente adecuado que no dañe el material del armazón exterior. También se puede usar agua caliente, detergente y cepillos de cerda dura.
  • Los cascos que no se utilicen deben guardarse horizontalmente en estanterías, o colgados de ganchos en lugares no expuestos directamente a luz solar ni a temperatura o humedad elevadas.

Una buena forma de verificar tanto la calidad como el estado de estos equipos consiste en elaborar una lista de control de todos los EPP disponibles en la empresa. Para ello puede recurrirse a herramientas digitales y app especializadas como los checklist electrónicos. 

Estas listas de control también ayudan a verificar las condiciones previas para la adquisición de los cascos, a partir de los requerimientos específicos de cada empresa u organización, y de acuerdo con las características y riesgos del trabajo realizado.


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Francisco Gonzalez
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