Riesgos en la minería de alto impacto y cómo prevenirlos

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La emergencia sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19 plantea nuevos riesgos en la minería para las empresas de este sector productivo, y la necesidad de incorporar en sus planes de seguridad y salud laboral protocolos de acción y prevención permanentemente actualizados. Para ello es necesario que los profesionales del área realicen constantes cursos de capacitación y perfeccionamiento.

Todo desarrollo económico exitoso depende de la ejecución continua de diversas actividades estratégicas, productivas y de servicios. Un ritmo de trabajo incesante que, al mismo tiempo, puede desembocar en accidentes y perjuicios para la salud de los trabajadores, si no se toman las necesarias medidas de prevención.

Tal es el caso, por ejemplo, de la minería, uno de los sectores productivos más trascendentes para la economía mundial. En cada uno de sus yacimientos, el personal está expuesto a diario a gran cantidad de riesgos y contingencias, derivados de la propia naturaleza de alto peligro que tiene esta actividad. 

Por ello, las diferentes empresas del sector, públicas y privadas, implementan de manera constante, exigentes normas y procedimientos preventivos, tanto de salud como de seguridad ocupacional. Si se aplican de manera eficiente, estos permiten reducir al mínimo la ocurrencia de incidentes y accidentes que puedan perjudicar a la fuerza laboral.

Sin embargo, la actual contingencia sanitaria, derivada de la pandemia de COVID 19, ha provocado una alteración sustancial en los riesgos en la minería. Esto se explica debido a que la alta concentración natural de trabajadores en las faenas de extracción o refinación de mineral, genera, a su vez, enormes riesgos de transmisión de esta infección viral. 

Ello no sólo puede afectar la salud de un gran número de trabajadores, sino también la productividad misma de las empresas. Riesgo exponencialmente más alto en la medida que se identifican nuevas cepas, más resistentes a las vacunas ya aplicadas entre la fuerza laboral minera.

Estas nuevas circunstancias exigen a las compañías especializadas en la minería contar con equipos más especializados de salud y seguridad ocupacional, cuyos especialistas no sólo sean idóneos para enfrentar los peligros propios de una actividad extractiva de alto riesgo, sino también para prevenir la propagación descontrolada de una infección viral como la actual.

Esto implica, entonces, que los expertos en seguridad ocupacional minera, también perfeccionen y actualicen constantemente sus conocimientos y competencias en esta área específica de la salud. De este modo podrán actuar siempre como punta de lanza para implementar renovadas estrategias de prevención, ante los riesgos que implica este nuevo y complejo escenario pandémico.

Modernizar conocimientos, protocolos y mentes

A pesar de ser una actividad esencial para las economías nacionales, las empresas encargadas de la minería no han estado libres del impacto provocado por el COVID-19, ni se han liberado de los exigentes lineamientos de control establecidos por las respectivas autoridades de salud. 

De hecho, en muchas ocasiones, las órdenes de confinamiento o las restricciones de movilización, impuestas durante el último año y medio en diversos países, han significado la paralización parcial, e incluso total, de las operaciones en grandes yacimientos estratégicos. 

Todo ello para garantizar ambientes de trabajo seguros y saludables, que no sólo prevengan el contagio entre los trabajadores y sus familias, sino también de todas las comunidades que puedan tener contacto directo o indirecto con el personal que concurre a las faenas extractivas (incluyendo conductores de ómnibus, inspectores, o guardias de seguridad, entre otros).  

El primer paso fue, sin lugar a dudas, la implementación de estrictas medidas sanitarias, como controles de temperatura en los accesos a los yacimientos; registro de pasajeros en los traslados al interior y exterior de las faenas; uso de mascarillas en la interacción cotidiana; y mantención de distancia física entre las personas durante los viajes, concurrencia a casinos y uso de otros entornos comunes. 

A ello se sumó la sanitización permanente de los espacios compartidos y los vehículos de traslado. Aspectos que pasaron a ser parte esencial de las tareas de higiene y seguridad de cada empresa y que, desde el primer momento, requieren de personal constantemente capacitado y entrenado.

Pero más allá de las medidas generales, también hubo que impulsar cambios importantes en la cultura de las empresas, de modo de adaptarse a las dinámicas variables del nuevo escenario de riesgo virológico y reducir los riesgos en la minería.

Por ejemplo, una de las primeras medidas adoptadas fue la modificación de los regímenes de trabajo. Según estudios realizados en Chile, a fines de 2020, por la consultora internacional Marsh, cerca del 79% de las empresas dedicadas a la minería ha extendido los períodos tanto de estancia en la unidad como de descanso fuera ella. De este modo, pueden tener mejor control ante la aparición de trabajadores que presenten síntomas de COVID-19. 

Esto implica pasar del tradicional esquema “7×7” (siete días de trabajo por siete de descanso), a uno de tipo “14×14” (catorce de trabajo por catorce de descanso). Con ello se logra un mejor tiempo de observación y aplicación de protocolos sanitarios ante la potencial aparición de un posible caso de contagio.

Otros controles importantes implementados para reducir los riesgos en la minería son las facilidades de alojamiento dentro de los campamentos. Esto se ha traducido en cambios muy notorios en la propia vida y sociabilización dentro del yacimiento.

De acuerdo con el mismo estudio realizado por Marsh, 55% de las empresas mineras chilenas ha optado por reducir directamente el aforo general; mientras que otro 33% ha optado por acomodar a una persona por habitación. A su vez, 48% ha instalado paneles en las mesas del comedor para reducir el contacto; y 45% suspendió temporalmente el uso de las áreas destinadas a la práctica deportiva.

Por otra parte, alrededor de 55% de las compañías ha implementado controles de ingeniería para minimizar riesgos de alto impacto relacionados con los contagios. Los más representativos son la instalación de cabinas cerradas para los operadores, la automatización de procesos a través del uso de nuevas aplicaciones y herramientas tecnológicas, y el cambio del sistema de ventilación en las áreas operativas.  

Del mismo modo, 45% de las empresas mineras evaluadas por Marsh puso en práctica un programa denominado “observadores de conducta”, destinado a asegurar el cumplimiento de los nuevos lineamientos de higiene y seguridad que buscan evitar el contagio.  

Una auténtica transformación cultural que ha requerido potenciar las competencias, habilidades y capacidad de negociación y liderazgo de los encargados de Salud y Seguridad Ocupacional. Todo ello pensado para que puedan orientar de mejor forma a la fuerza laboral, y ayudarla a avanzar por un camino de transición altamente complejo y que, sin lugar a dudas, puede conllevar fricciones, desacuerdos y potenciales focos de conflicto.

Otro foco de evolución ha sido la digitalización a marcha forzada de una gran cantidad de tareas. En tal sentido, hoy la mayoría de las empresas ha reducido el número de trabajadores en aquellas unidades que no realizan labores de primera línea. Esto implica, por ejemplo, que actualmente la mayoría del personal administrativo opera en modalidad de teletrabajo o trabajo remoto. 

Consecuentemente, las empresas deben potenciar sus redes de comunicación y equipamiento digital, lo cual implica modernizar infraestructura, dotación técnica y, además, capacitar al personal para que pueda desempeñarse de manera eficiente en esta dimensión, incluyendo tanto a los equipos como a los líderes de área.

Desafíos permanentes

Junto con estos cambios trascendentales en el espacio de trabajo, la minería enfrenta además el desafío de implementar y realizar seguimiento apropiado de los protocolos sanitarios fuera del yacimiento. Es decir, cuando los trabajadores se encuentran en sus días libres. 

Para abordar dicho escenario, las compañías han optado por difundir campañas de comunicación, con el objetivo de sensibilizar a los trabajadores, para que mantengan y refuercen los cuidados de higiene y seguridad que ya se aplican dentro de las faenas, y reducir los riesgos en la minería.

Esto implica la necesidad de contar en el equipo de salud y seguridad ocupacional con profesionales o especialistas en comunicación, capaces de elaborar y transmitir mensajes efectivos y con alto nivel de impacto sensitivo.

Asimismo, otra oportunidad de mejora que se sugiere implementar, es la capacitación permanente del recurso humano dedicado a realizar los controles de ingreso del personal. 

Dado que la mayoría de las empresas utiliza personal no médico para dicha tarea, se recomienda brindarle formación adecuada y constante, para potenciar su capacidad de identificar los síntomas de la enfermedad. De este modo, se podrá asegurar una recolección oportuna y apropiada de la información, así como un mejor protocolo de acción ante la presencia de potenciales casos positivos.

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Francisco Gonzalez
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